Quién, que haya estado despechado, no he escucho alguna vez a: Vicente Fernández, Darío Gómez, El Charrito Negro, Darío Darío, Giovanni Ayala, un sinfín de intérpretes de la canción popular, que con sus letras nos hacieron recordar: a la ingrata que nos olvido, al perro mentiroso que nos traicionó, o tan sólo al desgraciado que nos hizo llorar y no valía la pena. Puede que está música, para los de estrato social 5, 7, 15, que se creen mejores sea considerada como de mal gusto, pero me gustaría verlos con una pena bien brava a ver que es lo que escuchan. Un buen guaro y una ranchera aunque no quitan la pena si hacen que se vea más pequeña.
Quién no se ha bailado un vallenatico, uno de esos que se acompañan con aguardiente y con los mejores amigos. Un vallenatico donde uno se pone el sombrero, alza la copa y brinda por ellas o por ellos. Esos que nos recuerdan lo orgullosos que nos sentimos de ser colombianos, del sabor que llevamos dentro, que nos hace únicos, capaces de enfrentar los problemas con verraquera y optimismo.
Quién no ha cantado a grito herido en la cocina, en la cama, en la ducha o planchando: “La maldita primavera” “Pega la vuelta” "Yo no te pido la luna" "¿Quién es él?” letras que se entonan con el alma, que erizan la piel y reconfortan el espíritu malgastado por la rutina y la monotonía.
Qué intelectual no se ha alardeado con los súper conocimientos sobre Beethoven, Mozart, y otros que hicieron de la música una sinfonía de notas celestiales, que engalanan una vida sin sonido, una vida que se pierde en el vacio del eco que retumba en nuestro interior y que a gritos, pide ser escuchado.
¿Y entonces qué es la música? Desde mi punto de vista ha sido la causante de despertar la más bajas pasiones; capaz de hacer sonrojar mejillas; que ha unido o alejado cinturitas, pechitos, boquitas; destructora o reconciliadora de matrimonios; enloquecedora de mamás que no aguantan su alto volumen. La música nos ha cambiado, nos ha hecho sensibles, o quizá más duros, nos ha dado ánimo para continuar o para tocar fondo. La música nos ha puesto en la luna y otras veces nos ha estrellado contra el mundo. La música nos ha acercado a Dios…
Luna de mayo



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