¿Qué puede ser una entrevista más que una intromisión, o indagación en la vida profesional, política, o artística de una persona. O en el peor de los casos, la esquiva vida personal, que deja de serlo cuando queda expuesta al ojo del observador, ese que espera ansioso para conocerla, o tan solo para ser un juez más en este mundo de prejuicios?
Más que una entrevista lo que hice con “Libertad” (nombre falso de una mujer que prefiere que su identidad quede oculta) fue una charla amistosa, sin prejuicios, dónde ella, me dejó ver un poco de sí, de eso a lo que llaman “puta”. El lado oscuro para muchos, pero para mí, un camino diferente.
Viernes 15 de Noviembre de 2008 6:30pm
Cafetería: “Las ricuras”
Centro de Bogotá
Daniela: ¿Qué espera de su vida?
Libertad: Vida no hay, tan solo un poco de existencia, esa vaina que nos jode la cabeza y nos pone a pensar ¿Qué hacemos? ¿Qué somos? ¿Para dónde vamos? y un poco de gûevonadas que no sirven para nada. Lo único que quisiera de esta miseria sería un poco de libertad…
Daniela: ¿Lo más difícil?
Libertad: Levantarse todas las mañanas en una cama diferente, vestirse, irse, dejar la puerta abierta, llegar al rancho, tomar una aspirina, un anticonceptivo y una pepa roja. Media taza de café oscuro; acostarse, mirar parriba y dejar que las lágrimas corran el maquillaje de la cara.
Daniela: ¿Un crimen?
Libertad: El de todos los días: fingir.
Daniela: ¿Un precio?
Libertad: Eso ya no importa, me conformó con un café y un cigarrillo.
Daniela: ¿Desprecio?
Libertad: Ummm…por mi…
Daniela: Un sueño:
Libertad: No hay espacio para sueños, pero me gustaría no volver a abrir las piernas.
Libertad derramó unas lágrimas sobre el café que compartíamos. Allí entendí que todo lo que tenía que decir lo había dicho ya. Preguntarle algo más, como dice ella, hubiera sido un verdadero crimen. La abracé y su perfume me contagio por un instante. Se levanto, cogió su bolso rojo, arreglo su minifalda y camino hacia la puerta, si despedirse y con un café sin terminar.
Luna de mayo








